Vigo se rinde al «tardeo»: El Casco Vello estalla en una despedida de año histórica

Miles de vigueses de todas las generaciones convirtieron el «Tardeo» en Casco Vello y Porta do Sol en el epicentro de una fiesta que ya es tradición. Música, brindis y un ambiente inmejorable marcaron las horas previas a las uvas.

Vigo ya no espera a la medianoche para celebrar. Ayer, la ciudad volvió a demostrar que el último día del año tiene vida propia bajo la luz del día —o al menos, bajo el cielo del atardecer—. El ya consolidado «tardeo» de Fin de Año desbordó todas las previsiones, congregando a miles de personas en un Casco Vello que se convirtió en un hervidero de alegría, reencuentros y música.

Una marea humana entre Sol, Elduayen, Constitución y Chao

Desde las primeras horas de la tarde, el flujo de gente hacia la Plaza de la Constitución era incesante. Lo que comenzó hace años como una reunión espontánea de amigos, se ha transformado en un evento intergeneracional. En un mismo metro cuadrado se podían ver familias con carritos de bebé, grupos de jóvenes con ganas de fiesta y veteranos del barrio brindando por «lo de siempre».

La música fue el hilo conductor. Varios locales de la zona apostaron por sacar el ritmo a la calle, instalando equipos de sonido y DJ´s que pincharon desde los éxitos del año hasta clásicos que pusieron a cantar a toda la plaza. El eco de los platos de los DJ´s rebotaba en las piedras históricas del Casco Vello, creando una atmósfera de festival urbano difícil de igualar.

El brindis como nexo de unión

Mientras la Porta do Sol servía de antesala bajo la mirada del Sireno, la plaza de la Princesa, las calles aledañas como Real o Palma y la rúa Chao eran auténticos ríos de gente, con música y muchos abrazos y brindis por el nuevo año.

«Es el mejor momento del día porque es cuando te encuentras con todo el mundo», comentaba una vecina entre abrazos. Y es que el «tardeo» tiene ese componente de pueblo: el saludo rápido, el deseo de un feliz año nuevo y el choque de copas antes de irse a la cena familiar.

La hostelería de la zona vieja volvió a dar la talla, reforzando barras y servicios para atender a una multitud que, a pesar de lo masivo del evento, mantuvo un comportamiento ejemplar marcado por el civismo y las ganas de pasarlo bien.

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