Venezuela despierta: la esperanza cruza el Atlántico y se siente en Galicia

Lo sucedido ayer en Venezuela marca, sin duda, un punto de inflexión en la historia reciente de nuestra patria. Las imágenes, las declaraciones y los acontecimientos que rodean a Nicolás Maduro han sacudido no solo al país, sino también a los millones de venezolanos que, desde el exilio forzado, seguimos cada latido de nuestra nación con el corazón en vilo.

En Galicia, en Madrid, en Barcelona, en Canarias y en tantas otras ciudades de España, la reacción fue inmediata. Sin convocatorias oficiales, sin siglas partidistas, surgieron concentraciones espontáneas de venezolanos que salieron a las calles con banderas tricolor, lágrimas contenidas y una emoción largamente postergada. Era la esperanza, una esperanza que muchos creían extinguida, la que volvió a reunirnos.

Ayer no fue un día más. Fue un día histórico. Porque cuando un pueblo, incluso desde la distancia, vuelve a creer que el futuro es posible, algo profundo está cambiando. Se escucharon consignas, abrazos entre desconocidos que compartían una misma historia de dolor, migración y resistencia. “Venezuela no se rinde”, repetían.

Y también una frase que resonó con fuerza entre la diáspora: “Fuera el socialismo que destruyó la patria”, como lo dice Pablo Pueblo, esa voz colectiva que representa al venezolano de a pie, al que sufrió la escasez, la represión y el exilio.

Las reflexiones ahora son inevitables: ¿qué sucederá a partir de este momento? Nadie puede afirmarlo con certeza, pero lo que sí es evidente es que el miedo ya no paraliza como antes. La gente habla, se organiza, se reencuentra con la ilusión de regresar, de reconstruir, de sanar. La Venezuela exterior, tantas veces ignorada, hoy vuelve a ser protagonista, puente y altavoz de un país que exige cambio.

Desde Galicia, tierra que nos ha acogido y donde hemos sembrado trabajo y comunidad, miramos hacia Venezuela con renovada fe. No se trata de ingenuidad, sino de dignidad. Sabemos que el camino no será fácil, pero también sabemos que los pueblos que despiertan no vuelven a dormir igual.

Hoy, más que nunca, vemos futuro. Y verlo ya es un acto de valentía.

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