En cada Primero de Mayo, el mundo levanta la voz para reconocer la dignidad del trabajo y la lucha histórica de millones de hombres y mujeres que han construido sociedades enteras con el sudor de sus manos. El Día Internacional de los Trabajadores recuerda aquellas batallas obreras por jornadas justas y derechos laborales que aún hoy siguen siendo necesarias.
Pero hay un trabajador del que pocas veces se habla con la profundidad que merece: el migrante.
Ese hombre o mujer que dejó atrás su tierra, su familia, sus calles y sus recuerdos para cruzar fronteras buscando una oportunidad. No por ambición, sino por necesidad. Por el deseo sencillo y poderoso de “ganarse el pan” y ayudar a los suyos desde la distancia.
Desde Venezuela Exterior queremos enviar un abrazo enorme a todos esos trabajadores venezolanos y latinoamericanos dispersos por el mundo. A quienes madrugan en España, Chile, Estados Unidos, Argentina , Colombia , Peru , Portugal , Italia , o cualquier rincón del planeta para sostener a sus familias con esfuerzo y dignidad.
Y en esta fecha queremos hablar también de alguien cercano, alguien que representa a tantos: nuestro compañero venezolano “Pablo Pueblo”.
“Pablo Pueblo” trabaja con nosotros con entrega, entusiasmo y unas ganas inmensas de salir adelante. En él vemos reflejada la historia de millones de migrantes. Su esfuerzo diario nos recuerda que emigrar no es abandonar; es resistir. Es cargar la nostalgia en silencio mientras se aprende a vivir lejos de casa.
Escuchándolo, inevitablemente vuelven los relatos que me contaba mi padre en Celanova . Porque los gallegos también conocieron ese dolor en los años 50. Muchos tuvieron que marcharse a Venezuela, Argentina, Brasil ,Uruguay o Cuba buscando trabajo y esperanza. Dejaron aldeas, familias y sueños, igual que hoy tantos venezolanos parten hacia otros horizontes.
La historia parece repetirse, pero también deja una enseñanza: los pueblos migrantes entienden el valor del sacrificio y la solidaridad.
Hoy, cuando vemos a un repartidor bajo la lluvia, a una cuidadora acompañando ancianos, a un albañil levantando edificios o a un camarero trabajando hasta tarde, debemos recordar que detrás hay historias de amor por la familia, de resistencia y de valentía.
El trabajo dignifica.
Y más aún cuando se hace lejos del hogar.
Por eso, en este Día Internacional de los Trabajadores, Venezuela Exterior felicita a todos los trabajadores del mundo, especialmente a los migrantes que sostienen hogares enteros desde la distancia.
A los que nunca se rindieron.
A los que envían remesas y también esperanza.
A los que extrañan su tierra, pero siguen adelante.
Y a nuestro compañero “Pablo Pueblo”, símbolo de tantos venezolanos trabajadores, gracias por recordarnos cada día que la dignidad no tiene fronteras.
¡Feliz Día de los Trabajadores!


