Día das Letras Galegas: la lengua como puente de integración para emigrantes retornados y venezolanos en Galicia

Cada 17 de mayo, Galicia detiene parcialmente su rutina para celebrar una de las fechas más simbólicas de su calendario cultural: el Día das Letras Galegas. Más que una efeméride literaria, esta jornada representa una reafirmación colectiva de identidad, memoria y pertenencia. En 2026, la celebración adquiere un significado especial al rendir homenaje a la escritora y periodista viguesa Begoña Caamaño, figura comprometida con la defensa de la lengua gallega, el feminismo y las luchas sociales.

Para miles de emigrantes retornados desde Venezuela, así como para venezolanos que han hecho vida en Galicia durante la última década, esta celebración trasciende el ámbito cultural y se convierte en una oportunidad de integración social, emocional y comunitaria.

Una fecha que resume la historia de Galicia

El Día das Letras Galegas nació en 1963, impulsado por la Real Academia Galega para conmemorar el centenario de la publicación de “Cantares Gallegos” de Rosalía de Castro, obra considerada el punto de partida del Rexurdimento de la literatura gallega moderna. Desde entonces, cada año se homenajea a una figura fundamental de la cultura escrita en gallego.

En 2026, el reconocimiento recae sobre Begoña Caamaño, cuya obra reivindicó las voces femeninas silenciadas y defendió un periodismo comprometido con la ciudadanía y la lengua gallega.

Las instituciones culturales gallegas han organizado conciertos, exposiciones, actividades familiares y actos públicos en ciudades como Vigo, Santiago de Compostela y A Coruña.

Galicia y Venezuela: una historia compartida

Hablar hoy de integración entre Galicia y Venezuela implica recordar una historia migratoria de ida y vuelta. Durante gran parte del siglo XX, decenas de miles de gallegos emigraron a Venezuela buscando oportunidades económicas y estabilidad. Caracas, Maracaibo y Valencia se convirtieron en ciudades profundamente marcadas por la presencia gallega.

Ahora el fenómeno se ha invertido. La crisis venezolana provocó el retorno de miles de descendientes gallegos y la llegada de ciudadanos venezolanos a comunidades históricamente ligadas a la emigración.

En Galicia, esta nueva realidad social ha generado espacios de encuentro donde la cultura funciona como lenguaje común. La música, la gastronomía, las tradiciones familiares y también la lengua gallega se han convertido en herramientas de arraigo.

FEVEGA y el desafío de la integración

En ese contexto, la labor de FEVEGA ha sido determinante. La Federación Venezolana de Galicia trabaja desde 2009 en procesos de acompañamiento, orientación e integración para emigrantes retornados y venezolanos residentes en Galicia.

La organización define como uno de sus principales objetivos “contribuir a la integración cultural y social y difundir el folclore y la cultura de Venezuela”, promoviendo al mismo tiempo la participación activa de estos colectivos en la sociedad gallega.

En febrero de este año, FEVEGA y la asociación VENELUGO inauguraron en Lugo una oficina informativa destinada a ofrecer apoyo legal, social y administrativo a retornados y migrantes venezolanos. El acto reunió a representantes institucionales, miembros de la comunidad venezolana y autoridades gallegas.

Más allá de la asistencia burocrática, estas iniciativas ayudan a reconstruir vínculos humanos. Muchos retornados llegan a Galicia con raíces familiares gallegas, pero sin experiencia directa en la cultura cotidiana del territorio. Para otros venezolanos sin ascendencia gallega, el proceso implica descubrir una identidad nueva dentro de España.

El idioma como herramienta de acogida

Uno de los aspectos más interesantes del proceso de integración es la relación de los venezolanos con la lengua gallega.

Aunque el castellano facilita la adaptación inicial, cada vez son más frecuentes los casos de familias retornadas y migrantes que incorporan expresiones, costumbres y hábitos lingüísticos gallegos a su vida diaria. Escuelas, asociaciones vecinales y actividades culturales vinculadas al Día das Letras Galegas han contribuido a ese acercamiento.

La celebración funciona como una puerta de entrada amable hacia la cultura local. Talleres infantiles, cuentacuentos, conciertos y representaciones teatrales permiten que niños y jóvenes venezolanos crezcan en contacto con la identidad gallega sin percibirla como una imposición.

Para muchos retornados, además, escuchar gallego representa un vínculo emocional con sus padres y abuelos emigrantes, quienes mantuvieron viva la memoria de Galicia desde Venezuela durante décadas.

Una nueva Galicia multicultural

El fenómeno migratorio contemporáneo está transformando la sociedad gallega. En ciudades como Vigo, A Coruña, Lugo o Santiago es cada vez más común encontrar comunidades híbridas donde conviven acentos venezolanos y gallegos en espacios culturales, educativos y empresariales.

La integración, sin embargo, no ocurre automáticamente. Asociaciones, instituciones y redes comunitarias desempeñan un papel esencial para evitar la exclusión social y fortalecer la convivencia.

El Día das Letras Galegas simboliza precisamente esa posibilidad de encuentro: una cultura que se protege sin cerrarse, y una identidad que puede compartirse con quienes llegan desde otros lugares.

La propia figura de Begoña Caamaño, homenajeada este año, representa valores que dialogan con esa Galicia diversa: compromiso social, igualdad, pensamiento crítico y defensa de la cultura como herramienta de transformación.

El retorno como reconstrucción

Para miles de familias provenientes de Venezuela, regresar o establecerse en Galicia implica mucho más que cambiar de residencia. Significa reconstruir proyectos de vida, recuperar raíces familiares y adaptarse a una sociedad distinta.

En ese camino, celebraciones como el Día das Letras Galegas ayudan a crear sentido de pertenencia. La literatura, la música y la lengua dejan de ser únicamente patrimonio cultural para convertirse en instrumentos de acogida e integración.

Galicia, tierra históricamente marcada por la emigración, vuelve a demostrar que la memoria migratoria también puede convertirse en solidaridad hacia quienes hoy llegan buscando estabilidad, futuro y un nuevo hogar.

En Celanova vive «Pablo Pueblo«, un venezolano sencillo, de esos que todavía saludan mirando a los ojos y se emocionan cuando escuchan una gaita sonar en la plaza. Llegó hace años desde Venezuela con una maleta llena de recuerdos y el corazón partido entre el Caribe y Galicia, pero fue en esta tierra verde donde volvió a sentirse en casa.

Cada 17 de mayo, cuando se celebra el Día das Letras Galegas, Pablo se pone su mejor chaqueta, baja caminando por las calles empedradas de Celanova y entra al café de siempre con un libro bajo el brazo. Allí habla de Rosalía, de Castelao, de Celso Emilio Ferreiro y de cómo las palabras también sirven para curar nostalgias.

“Uno no necesita nacer en Galicia para quererla”, dice mientras levanta un café caliente. “Porque Galicia se mete en el alma igualito que Venezuela: por la música, por la gente y por la memoria”.

A Pablo le gusta escuchar gallego aunque todavía mezcle expresiones venezolanas en cada conversación. Dice “boas tardes, mi pana” con total naturalidad y asegura que las letras gallegas le enseñaron que los pueblos pequeños también escriben historias grandes.

En las fiestas culturales ayuda a montar sillas, participa en recitales y a veces se anima a leer poemas con acento venezolano y sentimiento gallego. Los vecinos ya lo conocen como “o venezolano das letras”.

Y mientras cae la tarde sobre Celanova, Pablo Pueblo sonríe tranquilo. Porque entendió que emigrar no siempre es perder una patria; a veces también es encontrar otra entre libros, plazas y palabras compartidas.

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