Vigo reúne a 14 nacionalidades en la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado una jornada de encuentro, integración y convivencia

Más de 150 personas participaron en la Jornada Mundial del Migrante y Refujiado , una jornada familiar y eucarística celebrada en el Colegio Cluny de Vigo, en la que la diversidad, la solidaridad y el encuentro entre comunidades emigrantes fueron los grandes protagonistas.

VIGO, GALICIA. — La ciudad de Vigo volvió a convertirse en punto de encuentro para la comunidad emigrante con la celebración de una emotiva Jornada Mundial del Migrante y Refujiado , que reunió en las instalaciones del Colegio Cluny a más de 150 personas procedentes de 14 nacionalidades.

La jornada nació con un propósito claro: crear un espacio para compartir, convivir y fortalecer los vínculos entre personas y familias que, por diferentes circunstancias, han hecho de Galicia su nuevo hogar.

Desde primeras horas, familias enteras fueron llegando al recinto para disfrutar de una jornada marcada por la convivencia, la participación y, especialmente, por la presencia de los niños, quienes fueron protagonistas de numerosas actividades y momentos de encuentro.

Una celebración para compartir en familia

Uno de los momentos centrales de la jornada fue la celebración eucarística, que permitió reunir a las distintas comunidades alrededor de un mismo espacio de fe, independientemente de sus países de origen.

Las diferentes nacionalidades presentes demostraron que la diversidad cultural no constituye una barrera, sino una oportunidad para conocerse, compartir tradiciones y construir nuevas relaciones en la sociedad de acogida.

La jornada permitió también recordar que detrás de cada proceso migratorio existen historias personales, familias, sueños y esfuerzos que merecen ser reconocidos y acompañados.

El valor de quienes trabajan detrás del evento

Un encuentro de estas características no sería posible sin el trabajo desinteresado de numerosas personas que aportaron su tiempo, esfuerzo y dedicación.

Voluntarios, colaboradores y representantes de diferentes colectivos hicieron posible que cada detalle de la jornada estuviera preparado para recibir a las familias y ofrecerles un espacio de encuentro.

Desde la organización se puso especialmente en valor el compromiso de todas aquellas personas que, muchas veces sin aparecer públicamente, dedican horas de trabajo para que iniciativas de integración y convivencia puedan hacerse realidad.

Son precisamente estos pequeños grandes gestos de solidaridad los que permiten construir comunidad.

Catorce nacionalidades, una misma ciudad

La presencia de 14 nacionalidades convirtió la jornada en una verdadera representación de la diversidad que caracteriza actualmente a Vigo y a Galicia.

Personas de diferentes culturas, acentos, costumbres y experiencias compartieron una misma mesa, una misma celebración y un mismo espacio de convivencia.

El mensaje que dejó el encuentro fue sencillo pero significativo: cada persona mantiene sus raíces, pero también puede construir nuevas raíces en la tierra que la recibe.

La participación de los niños aportó además un componente especialmente emotivo. Para ellos, estas jornadas representan una oportunidad para conocer otras culturas, hacer nuevos amigos y crecer entendiendo la diversidad como una parte natural de la sociedad.

Los niños, el gran motor de la jornada

Los grandes protagonistas de esta Jornada de los Emigrantes fueron, sin duda, los niños. Su alegría, entusiasmo y participación estuvieron presentes durante toda la jornada, convirtiéndola en una verdadera celebración familiar.

Desde el primer momento se involucraron en las diferentes actividades programadas. Disfrutaron del teatro, participaron junto a sus familias en la celebración de la Santa Misa y compartieron cada uno de los momentos de convivencia que se desarrollaron en el Colegio Cluny.

Y después de una jornada llena de emociones, llegó uno de los momentos más esperados por los pequeños: compartir juntos una comida especialmente pensada para ellos, con deliciosas pizzas y perritos calientes, que pusieron el toque festivo a un día en el que no faltaron las sonrisas y la alegría.

Su presencia recordó a todos que las jornadas de integración no solo están pensadas para quienes han emigrado, sino también para las nuevas generaciones, esos niños que crecen entre diferentes culturas y que representan el futuro de una sociedad cada vez más diversa.

Ellos fueron el motor de la jornada y también su alegría. Corriendo, jugando, participando y compartiendo con otros niños, demostraron que la integración comienza desde pequeños y que la convivencia se construye también a través de momentos sencillos de amistad y diversión.

La imagen de los niños compartiendo juntos, independientemente de su nacionalidad o procedencia, resume perfectamente el espíritu de esta jornada: diferentes orígenes, una misma familia y un mismo espacio para convivir.

Una experiencia que deja huella

Al finalizar la jornada, quedó la sensación de que el verdadero éxito del encuentro no se mide únicamente por el número de asistentes, sino por los vínculos que se crean y por la voluntad de seguir construyendo espacios donde nadie se sienta solo lejos de su país de origen.

La Jornada de los Emigrantes en Vigo se convirtió así en una celebración de la diversidad, la familia, la fe y la solidaridad.

Más de 150 personas y 14 nacionalidades demostraron que, cuando existe voluntad de encontrarse, las fronteras dejan de separar y las diferencias se convierten en una oportunidad para enriquecernos mutuamente.

Desde Venezuela Exterior queremos reconocer y agradecer a todas las personas, instituciones, colaboradores y voluntarios que hicieron posible esta jornada. Su tiempo, dedicación y compromiso son también una forma de construir una sociedad más abierta, solidaria e integradora.

Porque emigrar es cambiar de lugar, pero nunca dejar atrás nuestras raíces. Y encontrarnos es una manera de hacer hogar allí donde estamos.

Conversamos con «Pablo Pueblo» , emigrante venezolano: “En estos encuentros nos sentimos arropados”

“Para quienes hemos tenido que emigrar, poder participar en jornadas como esta significa mucho. No se trata solamente de venir a compartir un día en familia, sino de encontrarnos con otras personas que han vivido experiencias parecidas a las nuestras, conocer otras culturas y sentir que no estamos solos.

Quiero agradecer especialmente a todas las asociaciones de emigrantes que trabajan aquí en Vigo y que, día a día, nos ayudan en nuestra integración, nos orientan y nos ofrecen asesoría cuando la necesitamos. Para un emigrante es muy importante encontrar a alguien con quien hablar el mismo idioma, que entienda nuestra realidad y que pueda tendernos una mano cuando llegamos a un país nuevo.

También quiero agradecer a la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Tui-Vigo, por su compromiso y por abrir espacios de encuentro para nuestras familias; a nuestro párroco, Alberto Montes, por su cercanía y acompañamiento, y muy especialmente a nuestro obispo, Antonio José Valín Valdés, por su implicación y sensibilidad con las personas migrantes.

Hoy hemos podido compartir como una gran familia, con nuestros niños, nuestras tradiciones, nuestra fe y nuestras distintas culturas. Creo que eso es precisamente lo bonito de Vigo: que podamos venir de diferentes lugares del mundo y encontrarnos aquí, respetándonos y ayudándonos unos a otros.

Gracias a todas las personas que hicieron posible esta jornada. A quienes trabajaron, colaboraron, organizaron y regalaron su tiempo. Para nosotros, los emigrantes, estos gestos tienen un valor enorme.

Gracias por hacernos sentir acompañados, por ayudarnos a integrarnos y, sobre todo, por hacernos sentir que también somos parte de esta gran familia que es Vigo.”

Pablo Pueblo, emigrante venezolano

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