La voz de la calle, el sentimiento de una nación
«María Corina regresó. Ahora queremos saber qué va a cambiar en la vida del venezolano»
Por Pablo Pueblo | Venezuela Exterior
Yo soy Pablo Pueblo. No tengo despacho en Miraflores, no participo en las grandes negociaciones políticas ni me siento en las mesas donde se decide el futuro de Venezuela. Soy el ciudadano de a pie, el que hace cola, el que busca cómo llevar comida a su casa, el que tiene hijos lejos y el que, después de tantos años de dificultades, todavía sueña con regresar a una Venezuela donde se pueda vivir con dignidad.
Y hoy tengo algo que decir.
María Corina Machado ha regresado a Venezuela después de casi diez meses fuera del país. Su vuelta, anunciada el 25 de octubre, ha despertado expectativas y vuelve a colocar la política venezolana ante una nueva etapa de incertidumbre y posibilidades. Edmundo González Urrutia, por su parte, ha anunciado que también espera regresar próximamente.
Pero yo, Pablo Pueblo, me hago una pregunta muy sencilla: ¿qué significa todo esto para la gente que lleva años esperando un cambio?
Porque una cosa es la emoción que produce ver regresar a una dirigente política y otra muy distinta es que esa noticia se convierta en una mejora real para el país.
El regreso de María Corina: una esperanza que debe dar resultados
Yo entiendo la emoción de quienes ven en el regreso de María Corina una señal de que todavía hay posibilidades de cambio. Entiendo a quienes se alegran, a quienes recuperan la esperanza y a quienes consideran que su presencia en Venezuela puede fortalecer la lucha por unas instituciones democráticas.
Pero también conozco al venezolano que está cansado de promesas.
El que quiere abrir el grifo y tener agua. El que necesita electricidad, medicinas, hospitales que funcionen y salarios que permitan llegar a fin de mes. El que quiere trabajar sin que su esfuerzo se convierta en una lucha diaria por sobrevivir.
Por eso digo que este regreso no puede quedarse solamente en fotografías, discursos y concentraciones. Tiene que abrir un camino para recuperar la confianza, garantizar los derechos ciudadanos y construir una salida política que permita a los venezolanos decidir libremente su futuro.
La esperanza es importante, pero la esperanza necesita resultados.
Edmundo González también tiene una tarea pendiente
Ahora todas las miradas se dirigen también hacia Edmundo González Urrutia.
Para muchos venezolanos, su figura representa la reivindicación de los resultados de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, cuyos resultados siguen siendo objeto de una profunda controversia política. La oposición sostuvo que las actas reunidas por sus testigos acreditaban su victoria, mientras las autoridades electorales proclamaron vencedor a Nicolás Maduro.
Si Edmundo regresa, deberá hacerlo en condiciones que garanticen su seguridad y el ejercicio de sus derechos políticos.
Y aquí hay algo que considero fundamental: María Corina y Edmundo tienen responsabilidades distintas, pero el país necesita claridad, coordinación y una estrategia que ponga por delante el interés nacional.
El venezolano no quiere más divisiones entre quienes dicen representar el cambio. Quiere saber cuál es el plan, cómo se piensa recuperar la institucionalidad y qué garantías existen para que la voluntad popular sea respetada.
No basta con reivindicar el pasado. Hay que preparar el futuro.
¿Y qué pasa con el ciudadano de a pie?
Esta es la pregunta que, a mi juicio, debería estar presente en cada negociación política.
¿Quién piensa en el trabajador que gana un salario insuficiente? ¿Quién piensa en el pensionado que debe escoger entre comprar alimentos o medicamentos? ¿Quién piensa en los jóvenes que no encuentran oportunidades y en los padres que han tenido que despedir a sus hijos porque emigrar parecía la única salida?
¿Quién piensa en las familias separadas que viven en España, Galicia, Estados Unidos, Colombia y tantos otros lugares del mundo?
Los venezolanos que estamos fuera también formamos parte de Venezuela. Seguimos ayudando a nuestros padres, hermanos e hijos. Enviamos dinero, buscamos oportunidades y soñamos con volver a abrazarnos en nuestra tierra.
Por eso, cualquier proceso de cambio debe contemplar el regreso seguro de los emigrantes, la recuperación del empleo, la seguridad jurídica, los servicios públicos y las oportunidades para reconstruir nuestras vidas.
No queremos que la política se olvide de quienes más han sufrido sus consecuencias.
No queremos venganza: queremos justicia y convivencia
Venezuela necesita superar años de confrontación, desconfianza y enfrentamiento entre ciudadanos.
Quienes piensan diferente no pueden convertirse en enemigos. La democracia exige que las diferencias se resuelvan mediante instituciones legítimas, elecciones con garantías y respeto a los derechos fundamentales.
Eso no significa olvidar las denuncias, renunciar a la justicia ni pasar página sin esclarecer las responsabilidades que correspondan. Significa que la justicia debe actuar conforme a la ley y que el futuro no puede construirse sobre nuevas persecuciones.
Yo, Pablo Pueblo, quiero un país donde nadie tenga miedo de expresar lo que piensa; donde ningún ciudadano sea perseguido por sus ideas y donde los gobernantes sepan que el poder no les pertenece para siempre.
Quiero una Venezuela en la que el voto cuente, las instituciones funcionen y las autoridades rindan cuentas.
Mi mensaje a los dirigentes políticos
A María Corina Machado le digo: su regreso despierta expectativas, pero ahora comienza una etapa en la que los venezolanos estarán pendientes de sus decisiones y de los resultados que se puedan alcanzar.
A Edmundo González Urrutia le digo: su anunciado regreso plantea una nueva expectativa. Que cualquier paso que dé contribuya a abrir una salida institucional, con garantías y respeto a la voluntad ciudadana.
A las autoridades venezolanas les digo: el país necesita instituciones capaces de ofrecer garantías a todos los ciudadanos y de permitir una competencia política libre, sin persecuciones ni exclusiones arbitrarias.
Y a la comunidad internacional le recuerdo que Venezuela no es solamente un asunto de intereses estratégicos, recursos naturales o negociaciones entre gobiernos. Es, ante todo, un país habitado por millones de personas que merecen vivir con libertad, seguridad y dignidad.
Mi reflexión final: Venezuela no puede perder otra oportunidad
Yo soy Pablo Pueblo. No pretendo tener todas las respuestas ni sé cómo terminará esta nueva etapa política.
Lo que sí sé es que Venezuela necesita una oportunidad para reencontrarse consigo misma.
El regreso de María Corina puede abrir una nueva página. El eventual retorno de Edmundo puede añadir otro elemento importante al proceso. Pero la verdadera transformación llegará cuando la política deje de ser una lucha permanente por el poder y se convierta en un instrumento al servicio de la gente.
Cuando nuestros mayores puedan vivir con dignidad. Cuando nuestros jóvenes encuentren futuro en su propia tierra. Cuando las familias separadas puedan reunirse. Cuando trabajar sea suficiente para vivir y cuando emigrar deje de ser una obligación para tantos venezolanos.
Ese día podremos decir que algo importante ha cambiado.
Mientras tanto, seguiremos observando, preguntando y exigiendo respuestas.
Porque Venezuela no pertenece a un partido, a un dirigente ni a un grupo de poder.
Venezuela pertenece a su pueblo. Y el pueblo merece ser escuchado.
Pablo Pueblo, la voz del ciudadano común.
Venezuela Exterior — La voz de los venezolanos dentro y fuera de nuestras fronteras.

